Amado Bonpland. Santa Ana, Corrientes

El 11 de Mayo de 1858 fallece en Santa Ana (hoy Bondpland, Paso de los Libres) el sabio naturalista y botánico franco-argentino Aimé Bonpland, que estudió la flora misionera y formó un gran herbario.

Nacido en Europa, Aimé-Jacques-Alexandre Goujaud -aunque firmó casi toda su vida Aimé Bonpland y, entre nosotros, Amado Bonpland-, residió casi la mitad de su vida en Sudamérica y realizó aquí una valiosa y vasta labor como recopilador y clasificador de especies naturales de esta región.


Bonpland había nacido el 29 de agosto de 1773 en La Rochelle (Francia) y cursó estudios de medicina en la Universidad de París. Pero su verdadera vocación era la investigación de la naturaleza vegetal, así que acudió al Jardín de Plantas de París para formarse en esa disciplina. Por esa época se relacionó con el joven alemán Alexander von Humboldt, que sorprendería al mundo con sus investigaciones. Bonpland enseñó a Humboldt botánica, zoología y anatomía y el científico germano correspondió con lecciones de física terrestre, astronomía y meteorología. Luego, en 1799, viajaron juntos durante cinco años a España, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Cuba, México y Estados Unidos, donde los jóvenes científicos fueron agasajados por el presidente Jefferson. Durante el extenso recorrido, que otorgó gran fama a ambos hombres de ciencia, Bonpland reunió un herbario de 60.000 plantas -del cual la décima parte correspondía a especies descubiertas por él- que entregó al Jardín de Plantas de París. Además, como resultado de este viaje, escribió cuatro volúmenes sobre las plantas equinocciales de la obra Voyage aux régions equinocciales du noveau continent fait en 1799 – 1804 y, en colaboración con Humboldt, los siete volúmenes de Nova genera et spacies plantarum.

De regreso a Francia, conoció a la emperatriz Josefina -esposa de Napoleón I-, para la que trabajó como botánico e intendente de su jardín, cargo que ocupó desde 1808 hasta 1814, fecha en la que murió la emperatriz. Fue entonces cuando Bonpland decidió volver a América, aceptando el ofrecimiento de Simón Bolívar para radicarse en Venezuela. Finalmente se decidió por Buenos Aires después de que Bernardino Rivadavia, Sarratea y Belgrano lo invitaran cuando lo conocieron en Londres, en 1814.

Bonpland llegó a Buenos Aires en enero de 1817, acompañado por su esposa, dos jardineros, libros, gran cantidad de semillas y dos mil plantas (medicinales, frutales, hortalizas). Se propuso fundar el Jardín Botánico con la ambición de echar las bases definitivas del Museo de Historia Nacional, pero la situación creada por las necesidades de la guerra de la Independencia demoraron la concreción de la iniciativa. Mientras estuvo en Buenos Aires ejerció su profesión de médico y colaboró con periódicos locales en cuestiones vinculadas con las ciencias naturales. En 1818 solicitó y obtuvo el cargo de Profesor de Historia Natural de las Provincias Unidas y emprendió diversas expediciones por el interior del país y también por la isla Martín García, volviendo siempre con mamíferos, peces, plantas, reptiles, fósiles y flores. En 1821 fue nombrado catedrático de materia médica del Instituto Médico Militar, aunque nunca ejerció la cátedra.

Alexander von Humboldt y Bonpland en la selva amazonica del río Casiquiare (Óleo Eduard Ender (c.1850). Fuente: Wikipedia.

Dado que las circunstancias políticas de aquel momento no permitían realizar el Jardín Botánico y el Museo que él proyectaba, decidió hacer un viaje al Paraguay y a la hoy provincia de Misiones, viaje que inició a fines de 1820 estableciendo su cuartel general en Corrientes. Desde allí emprendió excursiones, no sólo con fines científicos, sino también con el propósito de fundar una colonia agrícola para la explotación de la yerba, ya que en 1821 había propuesto a Ramírez, caudillo entrerriano, la explotación metódica de los yerbatales misioneros y éste le prestó su apoyo.

Pero una vez establecido en Santa Ana (Corrientes), un cuerpo de 400 hombres enviados por el dictador paraguayo José G. Rodríguez de Francia invadió la explotación, destruyó las plantaciones, apaleó a los colonos y lo llevó prisionero al Paraguay, donde fue mantenido cautivo -a pesar de las airadas protestas de todo el mundo- por nueve años, durante los cuales ejerció su profesión de médico y se ocupó de la agricultura y de industrias menores.

Después de recobrar la libertad se quedó a vivir en Misiones, desechando la posibilidad de establecerse en el culto y civilizado ambiente de París. Pronto reanudó sus actividades científicas y colonizadoras. Hizo entonces viajes a Buenos Aires, Montevideo, Brasil, Paraguay y Francia. Pero también se preocupó por la política interna argentina, se pronunció contra el gobierno de Rosas, al que consideraba como el principal enemigo del progreso y la libertad de su nueva patria.

En 1854, ya octogenario, fue nombrado Director del Museo de la Provincia. Había llegado el momento de los honores: Francia lo designó miembro de la Academia de Ciencias, y una institución científica de Alemania denominó Bonplandia a su revista. No obstante su edad siguió con sus excursiones científicas, remitiendo ejemplares a los museos de Francia y Alemania y negándose modestamente a publicar sus trabajos, aunque sí colaboraba con El Plata científico y Literario, uno de los primeros intentos de periodismo científico en Buenos Aires.

Murió en Santa Ana el 11 de mayo de 1858, a los 85 años. El archivo de Bonpland quedó depositado en la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, ciudad en la que una calle lleva su nombre.

Más información en http://es.wikipedia.org/wiki/Aim%C3%A9_Bonpland

Fuente: http://divulgacion.famaf.unc.edu.ar/?q=ameghino/bonpland-aim%C3%A9-amado

Imagen: Wikipedia.

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